Los papeles de Ibiza 35

Los papeles de Ibiza 35 . Poemas, cuentos y ensayos inéditos (edición de Túa Blesa)

. Poemas, cuentos y ensayos inéditos (edición de Túa Blesa)
Editorial
Bartleby editores
Materia
Poesía de poetas individuales
Colección
Miradas
Encuadernación
Tapa blanda o Bolsillo
Nº páginas
276
ISBN
978-84-947671-8-0
EAN
9788494767180
Dimensiones
140 x 210 mm.
Peso
390
Fecha publicación
01-05-2018
Precio
17.00€ (16.35€ sin IVA)

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    Autor

    Leopoldo María Panero (Madrid, 1948), poeta español, encuadrado dentro del grupo de los novísimos. Panero es el arquetipo de un malditismo cultivado tanto como repudiado. Hijo de Leopoldo Panero (1909-1962), poeta de sugerente voz, el joven Leopoldo María Panero, al igual que tantos descendientes de los prohombres del régimen franquista, se siente fascinado por la izquierda radical. Su militancia antifranquista constituirá el primero de sus grandes desastres y le valdrá su primera estancia en prisión. Tiene una formación Humanista, estudia Filosofía y Letras en la Universidad Complutense de Madrid y Filología Francesa en la Universidad Central de Barcelona. De aquellos años jóvenes datan también sus primeras experiencias con las drogas. Desde el alcohol hasta la heroína, a la que dedicaría una impresionante colección de poemas en 1992, ninguna le es ajena. En los años 70 es ingresado por primera vez en un psiquiátrico. Sin embargo,sus constantes reclusiones no le impiden desarrollar una copiosa bibliografía no sólo como poeta, sino también como traductor, ensayista e incluso narrador. A finales de la década de los 80, cuando por fin su obra alcanza el aplauso de la crítica entendida, se decide que ingrese de manera permanente en el psiquiátrico de Mondragón.

    Sinopsis

    En abril de 1998, Michi Panero me llamó para que fuera a verle al apartamento que tenía alquilado en la calle de Juan Bravo. Al final de aquella velada, sacó un montón de carpetas, diez o doce, de diferentes tamaños y colores: eran el tesoro maldito de los Panero. "Haz lo que quieras con ellas", me dijo, "pero llévatelas de aquí". Yo tenía 22 años por aquel entonces y decidí guardarlas con mucho cuidado, pensando que algún día tendría el ánimo y la capacidad para abrirlas de verdad. JAVIER MENDOZA