Lista de locos y otros alfabetos

Lista de locos y otros alfabetos

Editorial
Siruela
Materia
Prosa: no ficción
Colección
Libros del Tiempo
Encuadernación
Cartoné
Nº páginas
256
ISBN
978-84-7844-364-2
EAN
9788478443642
Dimensiones
215 x 140 mm.
Peso
404
Fecha publicación
01-05-1998
Precio
15.50€ (14.90€ sin IVA)

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    Autor

    Bernardo Atxaga (Asteasu, Gipuzkoa, 1951), cuyo nombre verdadero es Jose Irazu, alcanzó su merecida fama con Obabakoak (1989), que obtuvo el Premio Euskadi, el Premio de la Crítica, el Premio Millepages, el Premio Nacional de Narrativa y fue llevada al cine por Montxo Armendariz con el título de Obaba. Le siguieron las novelas El hombres solo (1994), Esos cielos (1997), El hijo del acordeonista (2004), Premio Grinzane Cavour, Premio Mondello, Premio de Traducción Literaria del Times y Premio de la Crítica en su edición en euskera; Siete casas en Francia (2009) y Días de Nevada (2013). Ha cultivado otros géneros como la literatura infantil y los ensayos. En poesía, destaca Poemas & Híbridos, cuya versión italiana obtuvo el Premio Cesare Pavese de 2003. Su último libro es Horas extras (2017). Desde el 2006 es miembro de la Academia de la Lengua Vasca, Euskaltzaindia.

    Sinopsis

    «Dicen que los monjes de hace ocho o nueve siglos debían enfrentarse a públicos lejanos, a veces hostiles, reacios siempre a marchar tras los pasos de una demostración teológica o de una condena moral, y que de esta dificultad y de la necesidad de vencerla surgieron los Alphabeta exemplorum. Se trataba de que el peso de los discursos estuviera bien repartido, y de que cada una de las veintitantas letras del alfabeto correspondiente arrimara su diminuto hombro y contribuyera a llevar la carga: que la A demostrara la existencia del Alma, por ejemplo; o que la B tuviera a bien hablar de san Basilio (;). Cuando uno de estos Alphabeta exemplorum llegó a mis manos, yo ya estaba preparado para entender de qué servía aquel artilugio verbal (;). Decidí, pues, sin apenas dudarlo, apropiarme del método (...); pasó un año, y ya llegaban a la decena los alfabetos que habían salido de mi mesa para ser leídos o publicados en los lugares más dispares. Mis amigos comenzaron a preocuparse.»