El sombrero de tres picos

El sombrero de tres picos

Editorial
Homo Legens
Materia
Obras de teatro, textos teatrales | Español / Castellano
Colección
HOMO LEGENS
Encuadernación
Cartoné
Nº páginas
224
ISBN
978-84-92518-88-3
EAN
9788492518883
Dimensiones
21 x 15 mm.
Fecha publicación
01-01-2012
Precio
22.88€ (22.00€ sin IVA)

Autor

Pedro Antonio Joaquín Melitón de Alarcón y Ariza (Guadix, Granada, 1833 ? Madrid, 1891) fue un narrador español y miembro destacado del movimiento realista. Abandonó la carrera de derecho en la Universidad de Granada para dedicarse a la eclesiástica, pero no le convenció y acabó dedicándose al periodismo. Fundó diarios como El Eco de Occidente o El látigo, de carácter republicano y revolucionario. Entre sus obras destacan El final de Norma (1855), su primera obra, El hijo pródigo (1857), Diario de un testigo de la guerra de África (1859), de su experiencia en la guerra de África, El sombrero de tres picos (1874), El niño de la bola (1878), La Pródiga (1880), El Capitán Veneno (1881), entre otras. Fue consejero de estado con Alfonso XII en 1875 y académico de la Real Academia de la Lengua desde 1877.

Sinopsis

Esta novela corta o cuento amplificado se desarrolla en los primeros años del siglo XIX. En aquel tiempo, había cerca de una ciudad andaluza un molino harinero frecuentado por los paseantes más caracterizados de la citada población, que tenían allí su tertulia. Entre ellos se hallaba el corregidor, que acabó prendándose de la bella y honesta molinera. El relato está magníficamente construido en su estructura dramática, los personajes han sido perfilados con maestría y el ambiente, los tipos y las escenas, trazados con gran acierto. Los antecedentes de esta narración, escrita en 1874, se encuentran en los romances de ciegos y en un sainete de mediados del siglo XIX, pero ha sido Alarcón quien ha logrado estilizar lo popular e insertar la anécdota ya para siempre en la cultura española. Se observa en el autor una actitud moralizadora, el pícaro corregidor queda burlado y en ridículo, el honor sin mancilla y el celoso avergonzado. Todo ello dentro de una actitud realista, con un soplo entrañable y romántico.