Mis libros

Mis libros . Ensayos sobre lectura y escritura

. Ensayos sobre lectura y escritura
Editorial
Páginas de espuma SL
Materia
EUROPA | Estudios literarios: ficción, novelistas y prosistas
Traductor
Bilbao, Jon
Colección
Voces / Ensayo
Encuadernación
Libro
Nº páginas
304
ISBN
978-84-8393-223-0
EAN
9788483932230
Dimensiones
220 x 150 mm.
Peso
544
Fecha publicación
04-10-2017
Precio
25.00€ (24.04€ sin IVA)
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    Autor

    Arthur Conan Doyle nació el 22 de mayo de 1859 en Edimburgo. Era el tercero de diez hermanos de una familia católica. Estudió en varios colegios de los jesuitas y, posteriormente, cursó estudios de Medicina. Después de trabajar como médico en prácticas en un varios barcos, ejerció su carrera en Southsea (Inglaterra), desde 1882 a 1890. En 1885 se casó con Louise Hawkins y comenzó a asistir a reuniones espiritistas. Muy pronto se interesó por la literatura: en 1887 publicó «Estudio en escarlata» -obra en la que el famoso detective Sherlock Holmes conoce al doctor Watson- y un poco más tarde, en 1889 su primera novela histórica: «Micah Clarke». Este mismo año nació su primera hija, Marie Louise. En 1890 viajó a Viena para estudiar la especialidad de oftalmología y un año más tarde estableció su consulta en Londres. Seguía dedicando mucho tiempo a escribir y, así, publicó por entregas varias aventuras más de Sherlock Holmes en la revista «Strand Magazine». En 1892 nace su hijo Alleyne Kinsley. En 1899 se estrenó una adaptación teatral de Sherlock Holmes que siguió treinta y tres años en cartel. Sus novelas tuvieron tanto éxito que en muy pocos años pudo abandonar la práctica de la medicina y dedicarse exclusivamente a la literatura. En 1900 participó como médico en un hospital de campaña en la guerra de Sudáfrica. A su regreso publicó obras como «La guerra de los Borres» (1900) y «La guerra en Sudáfrica» (1902), en las que justificaba la participación de su país en estos conflictos. Por estas obras, el rey Eduardo VII le concedió el título de sir en 1902. En 1906 murió su esposa de tuberculosis, y un año después, en 1907, se casó con Jean Leckie. En 1909 nació su tercer hijo, Denis Percy Stewart, y un año más tarde su cuarto hijo: Adrian. En 1912 Donan Coyle publicó «El mundo perdido» -obra en la que aparece otro de sus más célebres personajes: el profesor Challenguer- y tiene a su quinta hija: Jean Lean Annete. En 1914 visitó Estados Unidos y Canadá, y un año más tarde, ya comenzada la Primera Guerra Mundial, viajó como corresponsal de guerra a los frentes británico, francés e italiano. Por entonces escribió «La campaña británica en Francia y Flandes»(1916-1920) en homenaje a la valentía británica. Al morir en la guerra su hijo mayor se convirtió en un firme defensor del espiritismo; durante el resto de su vida se dedicó a dar conferencias y a escribir sobre el tema. Murió en Crowborough (Sussex) el 7 de julio de 1930. Conan Doyle fue el creador de personajes inolvidables entre los que destacan el genial Sherlock Holmes, y su ayudante, el doctor Watson, cuyas aventuras narró en un total de sesenta y ocho relatos. Para crear al personaje del detective Doyle se inspiró en uno de sus profesores, el doctor Joseph Bell, quien animaba a sus alumnos a deducir informaciones diversas a través de la observación minuciosa de ciertos rasgos del paciente. Pero su antecedente literario inmediato es el personaje de Charles Auguste Dupin, de Edgar Allan Poe. Junto a Holmes está siempre el doctor Watson. Cuando conoce a Holmes, en Londres, está convaleciente de una herida sufrida en la segunda guerra de Afganistán. Con Holmes comparte un piso: el célebre apartamento del 121b de Baker Street. Watson es activo y valiente, apuesto y algo enamoradizo y actúa siempre como un amigo desinteresado. Representa al hombre corriente con quien se identifica inmediatamente el lector. Es caballeroso y leal y sirve a Holmes para contrastar sus propias teorías y deducciones.

    Sinopsis

    Mis libros es la apasionante «trastienda literaria» de uno de los escritores más populares de la historia, Arthur Conan Doyle. Nos lleva de la mano por su biblioteca, recomendando libros, recordando pasiones tanto de las obras que ha leído –y que le han formado como creador– como las que él mismo ha escrito. Una amplia colección de ensayos, conferencias y entrevistas con la que repasa sus éxitos literarios, el proceso de escritura de alguna de sus más famosas novelas y cuentos, las lecturas de los clásicos y de algunos escritores más cercanos a su tiempo a los que admira –Stevenson, Wilde, Allan Poe, Scott– y, por supuesto, un apartado especial dedicado a la que fuera su mayor creación y uno de los personajes más famosos del mundo, Sherlock Holmes. Traducidos por el escritor Jon Bilbao, los ensayos que componen Mis libros son la «puerta mágica» hacia la parte más privada de Arthur Conan Doyle (1859-1930) y el descubrimiento de una de las facetas más desconocidas del autor de La compañía blanca o El sabueso de los Baskerville.

    Los libreros recomiendan Reseña de www.loslibrerosrecomiendan.es

    "Mis libros. Ensayos sobre lectura y escritura" de Arthur Conan Doyle

    Enviado por Los Libreros Recomiendan el 26-04-2018

    Resulta que una vez cenaron juntos Oscar Wilde y Arthur Conan Doyle, y su conversación, entre un enjambre de editores y directores de revistas, debió de ser memorable. En algún momento alguien se preguntó cómo serían las guerras del futuro, y Wilde, con su legendaria rapidez (y con no poco acierto), afirmó que "Un químico de cada bando se acercará a la frontera con una botella". Pero lo que sí sabíamos es que a Wilde le gustaba brillar solo, y es entonces cuando brilla sir Arthur, al explicarlo con elegancia y dureza indirecta: "Su comportamiento y sus opiniones eran exquisitos, pese a que el monologuista, por mucho que sea su ingenio, en el fondo nunca puede ser un caballero". "Está bien decir que alguien es inteligente, pero el lector quiere ejemplos de ello", afirma Arthur Conan Doyle, y el lector encontrará en esta recopilación de ensayos, entrevistas, artículos y hasta cartas al director un verdadero banquete, tanto para los irremediablemente adictos a sir Arthur como para los recién llegados, tanto para los iniciados como para los candidatos a incorporarse a esta cofradía de la felicidad. Los primeros ya saben que el escocés nunca falla, que es una lectura gozosa segura; los segundos podrán comprobarlo mientras recorren estos textos dispersos en los que el escocés reflexiona sobre sus lecturas favoritas o, aún más interesante, repasa su propia trayectoria, todos traducidos por Jon Bilbao (de quien hace pocas semanas reseñamos su novela El silencio y los crujidos). Su admiración por Macaulay, sus agudas objeciones a Johnson y Boswell ("desde el mismísimo momento en que se conocieron, Johnson estaba destinado a ejercer un dominio absoluto sobre el otro, lo que hacía la crítica imparcial tan difícil como entre un padre y un hijo"), su incondicionalidad ante George Borrow o su afecto a contemporáneos suyos como Poe, Hawthorne, Kipling y Stevenson quedan maravillosamente explicados aquí, entre una buena batería de juicios generales estupendos y muy reveladores: "Me temo que para ser escritor hay que nacer escritor", "Alguien estrecho de miras nunca hará nada bueno en el campo de la literatura", "El exceso de alabanzas puede acabar con una persona, que dejará de esforzarse por hacerlo mejor", "Ni la más fértil de las imaginaciones puede inventar nada más maravilloso y estremecedor que la verdadera Historia"... No nos extraña que, como lector, afirme que "no hay casi nada que no me interese", pero sí es más sorprendente descubrir también a un Doyle bibliofilo, apegado a los propios volúmenes, y eso sucede en "Más allá de la puerta mágica", el texto más extenso de la recopilación, en el que Doyle nos franquea el paso a su biblioteca: "Leer  se ha vuelto demasiado fácil hoy en día, con ediciones en papel barato y bibliotecas gratuitas. Lo que se consigue sin esfuerzo no se aprecia en todo su valor [...] Un libro debería ser tuyo antes de poder saborearlo, y a menos que te haya costado trabajo hacerte con él, nunca disfrutarás del verdadero orgullo de poseerlo". Con serenidad (pero con la ambición nítidamente lesionada), Doyle explica con mayor claridad que nunca su aversión hacia su más célebre criatura: "Al final todo recibe el reconocimiento que se merece, pero creo que si nunca hubiera creado a Holmes, que emborronó otros trabajos superiores, mi posición literaria en la actualidad sería más alta", opinión que en otro lugar desarrolló de un modo más razonado, aunque discutible al atribuir tan poca trascendencia a las maravillosas historias de su personaje: "Las buenas obras literarias son las que hacen que, tras haberlas leído, el lector sea alguien mejor. Pero nadie puede mejorar -en el sentido elevado al que me refiero- por leer a Sherlock Holmes, aunque puede haber disfrutado de una hora agradable al hacerlo. No era mi intención hacer una obra mayor, y ninguna historia de detectives podrá serlo nunca; todo lo relacionado con temas criminales no es más que una forma barata de despertar el interés del lector". Quienes podemos decir de Doyle lo mismo que él decía sobre los autores citados (y sobre Walter Scott, y sobre Samuel Pepys, y sobre Coleridge, y sobre...) hallamos en esta colección de ensayos una verdadera ventana abierta al estudio del autor, pero también a su psicología, a una intimidad que pocas veces dejó revelarse explícitamente. Es un libro realmente iluminador e importante, lleno de joyas, lleno de inteligencia, lleno de amor activo por la literatura, vista sobre todo desde el lado del escritor, un escritor que se esforzó por serlo y que, al cabo, está en el Parnaso como uno de los más grandes. (Post data, puramente anecdótica y probablemente irrelevante, aunque yo creo que no: hacía muchos años que, leyendo absorto en el metro, no me pasaba de parada. Con este libro ha vuelto a sucederme.)