Joder, I love you!
Joder, I love you!

Joder, I love you!

Gala Maroto, Silvia

Editorial:
Ediciones Presencia
ISBN:
978-84-939777-6-4
Editorial:
Ediciones Presencia
Colección:
Colección Vida
Encuadernación:
Tapa blanda o Bolsillo
País de publicación :
España
Idioma de publicación :
Español
Idioma original :
Español
ISBN:
978-84-939777-6-4
EAN:
9788493977764
Dimensiones:
210 x 140 mm.
Nº páginas:
208
Fecha publicación :
23-10-2019
16,00€
(15,38€ sin IVA)
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    Por: Miguel Ángel Gasch

    En este libro, la autora nos habla del amor. ¿Podríamos decir, entonces, que este libro es amor? Ver ...

    En este libro, la autora nos habla del amor. ¿Podríamos decir, entonces, que este libro es amor? Veremos... Porque antes debemos saber, porque actualmente ni nosotros mismos sabemos lo que deseamos. Puede que lo encontremos y ya queremos otra cosa, quizás diferente, quizás totalmente opuesta. Y es que no disponemos de la suficiente paciencia (o llámalo calma) para averiguar hacia donde van las cosas. Lo queremos todo. O puede que ya no. En fin, que el amor es un tema que no está tan claro. Cuando lo conocemos por primera vez, aún es más complicado. Nadie nos ha explicado las reglas de este interesante juego y nos decidimos a probar. Entonces nos damos cuenta de que las cosas se pueden llegar a complicar mucho. Que podemos tenerlo todo y, de repente, ya no hay nada. Que los sueños, sueños son. Y que un para siempre, realmente es mucho tiempo. ¿Y qué hacemos con todo este lío? ¿Apostamos ciegamente por el amor o lo jugamos desde la distancia? Porque puedes estar con alguien y no saber que estás muy solo, no darte cuenta. Son tantas las posibilidades y la amplitud de miras que puede que antes haya que aprender. Un buen día quedas con alguien y te das cuenta de que te han robado la mitad del cuento. Está el inicio y, con el estómago aún vacío, se te presenta el desenlace en forma de nudo disfrazado. Sientes que algo chirría y lo que realmente está ocurriendo es que la vida te está enseñando. Estamos ante un viaje en forma de libro que repetirás una y otra vez, que recordarás con algunas sonrisas provocadas por determinadas situaciones y también con tristeza, por otras en las que se te parte el alma en dos. La vida es como un enorme laberinto en el que te puedes llegar a perder. Más aún si los que deberían ser tus más fieles guías te instan a dejarte llevar por los deberías y te sumen en el inmenso océano de llevar la vida que según ellos debe ser, la de estar con alguien y abrirte a ese futuro. Es entonces cuando el dolor acude a ti, porque entre ser como todos y ser tú, te has quedado anclado en lo primero y de ahí cuesta mucho salir. Estás donde sientes que no deberías estar y te pierdes la mejor de las aventuras, a ti, que te hallas en ese camino que no conduce al amor sino a vete a saber qué y que poco a poco te va convirtiendo en quien no quieres ser. Estar con alguien no es sentir que cada vez vez eres menos tú. Quien te hace sentir así, no te ama. Hay personas que se aprovechan de otros para obtener sus propias satisfacciones, sin tener en cuenta a nada ni a nadie. Desvalorizando a la otra parte, hasta el punto de tratarlo como un objeto carente de importancia. Luego están los encantadores de serpientes, que te hipnotizan con su irresistible brillo, que no te permite darte cuenta de dónde te estás metiendo. Un infierno con las patas muy cortas, un personaje disfrazado de corderito que te destroza por dentro como si de una apisonadora se tratara, sin dejar ni una hoja de esperanza en pie. Un ser abominable que se dedica a jugar a la guerra contra almas desarmadas que cuentan con pocas opciones a su alcance, porque no las pueden ver. En los momentos en los que lo estés pasando mal, hallarás a gente dispuesta a sacar tajada bajo la falsa cara de la comprensión y de la solidaridad. Ahí sentirás, en todo su esplendor, aquello de que nadie da nada por nada por mucho que te lo prometa. Y es que las cosas de gran valor no se prometen, se demuestran. Es muy fácil estar ahí cuando pretendes sacar algo a cambio. También encontrarás a personas dispuestas a decirte hacia donde debes ir, sin darse cuenta de que, a lo mejor, lo que más necesitas en ese momento es un buen abrazo y una pequeña chispa de esperanza entre tanta oscuridad. Nada que ver con que intenten llevarte directamente hacia el matadero. Algunos momentos de la historia me han llegado a estremecer. Es tanta la mezquindad humana del que se cree capacitado para decidir como ha de ser tu vida y las condiciones en las que se debe desarrollar... Hay sentimientos desgarradores, la incredulidad ante un mundo capaz de hacer tanto daño, sin ningún respeto ni compasión por alguien que solo desea vivir en paz. Lo doloroso que puede resultar sentir el amor de una manera incorrecta. Y si algo bueno se puede sacar de lo malo que te sucede, es la fuerza que esas experiencias te dan. Cuando te levantas, una energía inmensa le pone una pizca de color a tanta negrura. El mundo está lleno de malos momentos, de múltiples injusticias, una tras otra, y solamente cuando te hartas de estar harto, puedes empezar a mirar con otros ojos. En la vida se producen muchos tipos de relaciones, algunas hablan por sí solas. Las hay cuyas intenciones no van mucho más allá de lo previsible, que en menos de lo que dura un suspiro se muestran tal cual son, sin prometer nada de lo que se podría haber esperado. Relaciones en las que pasas del "Hola, ¿cómo estás?" a rozar el hombro con estudiada picardía. Incluso las hay sin el "Hola", que te asaltan por detrás en una discoteca a golpetazo limpio del tipo Uy, ni me he dado cuenta, para plantarse a tu lado a ver qué es lo que sucede. Y lo que sucede es que no sucede nada, porque qué puedes esperar de un atropello con alevosía y nocturnidad. Hay momentos en los que deberíamos mirar hacia nuestro interior y, en cambio, decidimos que es más sencillo y adecuado hacerlo hacia afuera, ya que ahí siempre vamos a encontrar al responsable y a la errónea razón de nuestros males, porque son los demás y no nosotros los causantes de nuestra infelicidad y porque mirar hacia dentro duele más y nos asusta. Llega un día en el que logras sacar lo que tanto tiempo hacía que llevabas dentro, te vacías y es entonces cuando te das cuenta de que la solución estaba más cerca de lo que pensabas y de que la tenías ahí, abandonada y maltrecha, a su suerte. Tu corazón, la auténtica razón de ser, la más pura de las esencias, tú. Decides ser tú mismo y te encuentras ante una sociedad que promueve el que no puedas serlo, con una serie de normas (algunas no escritas) que menosprecian tu libertad y tu derecho a ser, a mostrarte tal y como lo sientes. Y te ves como una gota de agua bañada en el mar de la incomprensión, del desprecio y de la pasividad de una buena parte de esas partículas semejantes a ti. Te ves inmerso en una cruzada en pos del amor, del auténtico amor, sin condiciones, sentido, compartido, que no entiende de segundas intenciones sino de sinceras realidades. Un amor que evoca a aquellas almas que ya lucharon en su momento por ello, para que el camino venidero fuera menos espinoso para los que posteriormente creyeran en él. Un amor entendido desde la paciencia, la comprensión, el apoyo, la escucha, el ser y estar, en armonía. Todo es puro y bello hasta que lo expones al mundo y entonces empieza a verse contaminado, porque no todas las personas están preparadas para algo así. Y cuando algo es tan bonito, se pone a prueba ante los demás, que se creen con derecho a afear algo que de por sí no lo es, aunque no lo hagan de forma consciente. En realidad no nos estamos dando cuenta de que la razón de todo no está fuera sino en nuestro interior. Es la historia de un despertar, de un viaje de autoconocimiento (también a nivel sexual), de ponerle luz a las sombras y de transformarlo en una fuente inagotable de sentidos. Siendo consciente de tus heridas y tratando de sanarlas con amor. Cuando te rindes, dejas espacio para todo lo bueno que tenga que llegar. Cuando te dejas sentir, abres una nueva vía para el amor, un amor que empieza siempre en ti. Nos montamos unas películas tan bonitas en nuestra mente que cuando llega el momento de la verdad, nos llevamos el chasco del año. Más confianza, menos control, menos sufrimiento innecesario, más tranquilidad, más presente... Porque nadie ha venido aquí para cumplir tus expectativas ni para solucionar tus problemas. Estarán ahí y es a ti a quien le corresponde trabajar lo que te falte. Un compañero de vida no es tu terapeuta, aunque te muestre tus sombras. Si dejas de querer controlar las cosas, la vida se encargará de mostrarse ante ti, en todo su esplendor. Se trata de encontrar tu lugar, aquel en el que te sientes bien, dejando atrás tus creencias, juicios, prejuicios y demás, de hacerlo desde la autenticidad. Mientras leía este libro, miles de palabras revoloteaban en mi interior, en forma de frases e ideas que necesitaba expresar de alguna manera. Siento gratitud por todo lo que estas páginas me han permitido sentir con tanta intensidad. Y sí, es amor, contiene amor, transmite amor y está escrito con palabras de puro amor, también del propio. Sé tú mismo, sin condiciones. Nunca subestimes el poder de seducción de un bonito corazón. Ahora mismo me gustaría decir: Joder, Silvia, te abrazo.

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