El árbol de la ciencia

El árbol de la ciencia

Editorial
Ediciones Cátedra
Materia
Ficción clásica
Colección
Letras Hispánicas
Encuadernación
Tapa blanda o Bolsillo
Nº páginas
304
ISBN
978-84-376-0522-7
EAN
9788437605227
Dimensiones
180 x 110 mm.
Peso
229
Fecha publicación
01-07-2006
Precio
9.80€ (9.42€ sin IVA)

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    Autor

    Pío Baroja y Nessi (San Sebastián, 28 de diciembre de 1872 - Madrid, 30 de octubre de 1956) escritor español de la llamada Generación del 98. A los siete años marchó con su familia a Madrid, donde el padre obtuvo una plaza en el Instituto Geográfico y Estadístico. En 1891 terminó la carrera de medicina en Valencia y se doctoró en 1894 en Madrid con una tesis sobre «El dolor, estudio psicofísico». Leyó bastante filosofía alemana (Inmanuel Kant y Arthur Schopenhauer), decantándose por el pesimismo de este último. Tímido y retraído al mismo tiempo, nunca se casó. Tras defender su tesis, marchó en ese mismo año de 1894 a Cestona, en Guipúzcoa, con plaza de médico. Pero el oficio le asqueaba. Instalado en Madrid, empezó a colaborar en periódicos y revistas, simpatizando con las doctrinas sociales anarquistas, pero sin militar abiertamente en ninguna. Al igual que su coterráneo Miguel de Unamuno, abominó del nacionalismo vasco, contra el que escribió su sátira «Momentum catastrophicum». En 1900 publicó su primer libro, una recopilación de cuentos titulada «Vidas sombrías», la mayoría compuestos en Cestona sobre gentes de esa región y sus propias experiencias como médico. En esta obra se encuentran en germen todas las obsesiones que reflejó en su novelística posterior. El libro fue muy leído y comentado por prestigiosos escritores como Miguel de Unamuno, por Azorín y por Benito Pérez Galdós. Tuvo amistad con Maeztu. Con él junto con Azorín formaron durante un breve período el grupo de los Tres. Viajó después por toda Europa y acumuló una impresionante biblioteca especializada en ocultismo, brujería e historia del siglo XIX, que instaló en un viejo caserío que se compró en Vera de Bidasoa y restauró con gran gusto, convirtiéndolo en el famoso caserío de Itzea, donde pasaba los veranos con su familia. En sus novelas reflejó una filosofía impregnada con el profundo pesimismo de Arthur Schopenhauer, pero que predicaba en alguna forma una especie de redención por la acción, en la línea de Friedrich Nietzsche: de ahí los personajes aventureros y vitalistas que inundan la mayor parte de sus novelas, pero también los más escasos abúlicos y desengañados, como el Andrés Hurtado de «El árbol de la ciencia» o el Fernando Ossorio de «Camino de perfección (pasión mística»), dos de sus novelas más acabadas. Terminó por identificarse con las doctrinas liberales y por abominar del comunismo, sin abandonar en ningún momento sus ideas anticlericales. En 1935 fue admitido en la Real Academia de la Lengua; En el periodo 1936-1939 regresó a España varias veces, y una de ellas fue a Salamanca para jurar como miembro del recién creado Instituto de España.Terminada la Guerra Civil, residió entre Madrid y Vera de Bidasoa. Siguió escribiendo y publicando novelas, sus «Memorias» y una edición de sus «Obras Completas». Afectado poco a poco por la arterioesclerosis, murió en 1956 y fue enterrado en el cementerio civil como ateo, con gran escándalo de la España oficial. Su ataúd fue llevado en hombros entre otros por Ernest Hemingway y Camilo José Cela, el uno era premio Nobel de literatura y el otro llegaría a serlo años más tarde. También el escritor norteamericano John Dos Passos declaró su admiración y su deuda con el escritor.

    Sinopsis

    Un clásico imprescindible de la literatura Española, cargado de referencias históricas, científicas, literarias y filosóficas.Tercera novela de la trilogía 'La Raza'. Para Azorín esta novela resume mejor que ninguna el espíritu de Baroja. Y efectivamente: sus principios filosóficos y sociales, la reacción frente a la miseria y el dolor, y los elementos autobiográficos hacen de esta obra muestra privilegiada del mundo del autor.Narra en ella la vida de Andrés Hurtado desde el comienzo de sus estudios de medicina. Médico, como Baroja, el protagonista de «El árbol de la ciencia» asiste impotente a los desafueros de una sociedad mezquina y envilecida. Entre el determinismo fisiológico y la rebelión moral hay la búsqueda de un camino propio.