Defensa de la felicidad
Defensa de la felicidad

Defensa de la felicidad

Alegato en favor de Epicuro

De Quevedo, Francisco

Editorial:
REINO DE CORDELIA
ISBN:
978-84-18141-32-4
Quevedo había cumplido ya 55 años cuando en 1635 decidió publicar su ensayo Defensa de Epicuro contra la común opinión, una declaración de intenciones en Defensa de la felicidad. A... Más información
Materias:
Textos clásicos
Editorial:
REINO DE CORDELIA
Ilustrador:
BRUEGEL, PETER
Colección:
Literatura Reino de Cordelia
Encuadernación:
Tapa blanda o Bolsillo
País de publicación :
España
Idioma de publicación :
Castellano
Idioma original :
Castellano
ISBN:
978-84-18141-32-4
EAN:
9788418141324
Dimensiones:
200 x 130 mm.
Peso:
150 gramos
Nº páginas:
80
Nº de ilustraciones:
8
Fecha publicación :
05-01-2021
14,96€
(14,38€ sin IVA)
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    Sinopsis

    Sinopsis de: "Defensa de la felicidad"

    Quevedo había cumplido ya 55 años cuando en 1635 decidió publicar su ensayo Defensa de Epicuro contra la común opinión, una declaración de intenciones en Defensa de la felicidad. Aunque nunca fue un pensador sistemático, en toda su obra late un impulso filosófico apoyado en el triunfo de la razón que propugnaban los estoicos. Con su alegato en favor de Epicuro da todavía un paso más y entiende que el principal propósito de la vida es lo placentero. Consciente de que este apoyo pudiera granjearle la hoguera con que la Iglesia calentaba a los herejes, el gran poeta satírico del Siglo de Oro cristianiza las tesis del filósofo griego. Atempera los aspectos menos asumibles para la doctrina cristiana, como la mortalidad del alma, y subraya la mesura y frugalidad, en la línea de los humanistas italianos, una visión absolutamente novedosa para su tiempo, que, al igual que su prosa, resulta sobresaliente.

    Más sobre

    De Quevedo, Francisco

    Francisco de Quevedo y Villegas nació en Madrid el 14 de septiembre de 1580 Su infancia transcurrió en la Villa y Corte, rodeado de nobles y potentados, ya que sus padres desempeñaban altos cargos en Palacio. Entre 1606 y 1611 entregado a las letras; escribe cuatro de sus «Sueños» y diversas sátiras breves en prosa; obras de erudición bíblica como su comentario «Lágrimas de Jeremías castellanas»; una defensa de los estudios humanísticos en España, «La España defendida»; y una obra política, el «Discurso de las privanzas», así como lírica amorosa y satírica. Se gana la amistad de Félix Lope de Vega, así como de Miguel de Cervantes, con quienes estaba en la Cofradía de Esclavos del Santísimo Sacramento; por el contrario, atacó sin piedad a los dramaturgos Juan Ruiz de Alarcón, cuyos defectos físicos le hacían gracia, asi como a Juan Pérez de Montalbán, hijo de un librero con el que Quevedo tuvo ciertas disputas. Sin embargo, el más atacado sin duda fue Luis de Góngora, al que dirigió una serie de terribles sátiras acusándole de ser un sacerdote indigno, escritor sucio y oscuro, entregado a la baraja e indecente. Quevedo, tambie´n satirizaba su aspecto. Góngora le correspondió casi con la misma violencia. Estrecha una gran amistad con el Duque de Osuna al que acompañará como secretario a Italia en 1613, desempeñando diversas comisiones para él en Niza, Venecia y finalmente Madrid. Se integra en el entorno del Duque de Lerma, siempre con el propósito de conseguir de su amigo el Duque de Osuna el nombramiento de virrey de Nápoles, lo que al fin logrará en 1616. Vuelto a Italia de nuevo con el Duque, éste le encargó dirigir y organizar la Hacienda del Virreinato obteniendo en recompensa el hábito de Santiago en 1618. Caído el grande Osuna, Quevedo es arrastrado también como uno de sus hombres de confianza y se le destierra en 1620 a la Torre de Juan Abad (Ciudad Real). Escribirá allí Quevedo algunas de sus mejores poesías, como el soneto «Retirado a la paz de estos desiertos...» o «Son las torres de Joray...» y hallará consuelo a sus ambiciones cortesanas en la doctrina estoica de Séneca, cuyas obras estudia y comenta convirtiéndose en uno de los principales exponentes del neoestoicismo español. Completa el número de sus «Sueños» y redacta tratados políticos como «Política de Dios», morales como «Virtud militante» y dos sátiras extensas: «Discurso de todos los diablos» y «La hora de todos». La entronización de Felipe IV supuso para Quevedo el levantamiento de su castigo, la vuelta a la política y grandes esperanzas ante el nuevo valimiento del Conde Duque de Olivares. Es nombrado incluso secretario del monarca, en 1632, lo que supuso la cumbre en su carrera cortesana. Son años de una febril actividad creativa. En 1634 publica «La cuna y la sepultura» y la traducción de «La introducción a la vida devota de Francisco de Sales. En 1639, se denuncia la política del Conde Duque, se le detuvo, se confiscan sus libros y, sin apenas vestirse, es llevado al frío Hostal San Marcos de León hasta la caída del valido. Se retira a Loeches en 1643. En el monasterio Quevedo se dedicó a la lectura, como cuenta en la «Carta moral e instructiva». Quevedo sale del encierro en 1643, achacoso y muy enfermo, y renuncia a la Corte para retirarse definitivamente en la Torre de Juan Abad. Fallece en el convento de los padres Dominicos de Villanueva de los Infantes, el 8 de septiembre de 1645.
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