Cuentos
Editorial
PENGUIN CLASICOS
Materia
Cuentos | Ficción clásica
Colección
PENGUIN CLÁSICOS
Encuadernación
Tapa blanda o Bolsillo
Nº páginas
408
ISBN
978-84-9105-016-2
EAN
9788491050162
Dimensiones
190 x 125 mm.
Fecha publicación
11-06-2015
Precio
9.95€ (9.57€ sin IVA)

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    Autor

    Emilia Pardo Bazán (La Coruña, 1851 - Madrid, 1921) fue novelista, poeta y crítica literaria. Pertenecía a una familia noble, lo que le facilitó una educación propia de su estatus social. La corriente que primó en sus escritos fue el Naturalismo, por lo que se considera una de sus introductoras en España. Además de su actividad literaria fue consejera de Instrucción Pública, activista del feminismo y, desde 1916 hasta su muerte, profesora de Literaturas Románicas en la Universidad de Madrid. Sitúa la trama de La tribuna (1883) en una fábrica de tabaco y adopta la corriente naturalista en Los pazos de Ulloa (1986), donde se vislumbran las atrocidades medievales de la vida rural gallega. En La madre naturaleza (1887) trata el incesto e Insolación (1899) y Morriña (1899) cierran su vertiente naturalista. Destacó también como ensayista y crítica, ejemplos de ello son La revolución y la novela en Rusia (1887) y La cuestión(1882-1883).

    Sinopsis

    Los mejores libros jamás escritos Edición de Eva Acosta En una ocasión, Leopoldo Alas «Clarín» afirmó que Emilia Pardo Bazán era «uno de los españoles que más saben y mejor entienden lo que ven, piensan y sienten. Tratar con ella es aprender mucho». La crítica suele estar de acuerdo en afirmar que donde mejor se recoge su habilidad como escritora es, precisamente, en sus cuentos -valientes, modernos, de impecable factura-. Leer estas piezas supone una grata sorpresa. Eva Acosta, biógrafa de la condesa y una de las mayores especialistas de su obra, ha llevado a cabo una rigurosa selección de sus mejores cuentos. Fantásticos, policíacos, realistas, humorísticos, de misterio, históricos o intimistas, esta antología constituye una de las cumbres de la narrativa española del XIX. «No llamaba amor a devaneos breves y sin huella. No llamaba amor a la sensibilidad. Y la sensibilidad redoblaba su tristeza, vaga e indefinible.»