Agua salada
Agua salada

Agua salada

Andrews, Jessica

Editorial:
Seix Barral
ISBN:
978-84-322-3657-0
Criada en un barrio trabajador en Sunderland al calor de las historias de una familia de clase obrera, Lucy ha descubierto que la vida en Londres no es lo que esperaba. Incluso con... Más información
Editorial:
Seix Barral
Traductor:
Martín Giráldez, Rubén
Colección:
Biblioteca Formentor
Encuadernación:
Tapa blanda o Bolsillo
País de publicación :
España
Idioma de publicación :
Español
Idioma original :
Inglés
ISBN:
978-84-322-3657-0
EAN:
9788432236570
Dimensiones:
230 x 133 mm.
Peso:
438 gramos
Nº páginas:
328
Fecha publicación :
19-05-2020
19,00€
(18,27€ sin IVA)
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    Sinopsis

    Sinopsis de: "Agua salada"

    Criada en un barrio trabajador en Sunderland al calor de las historias de una familia de clase obrera, Lucy ha descubierto que la vida en Londres no es lo que esperaba. Incluso con un flamante título universitario, los días transcurren en una sucesión de largas jornadas de trabajo para llegar a fin de mes, de fiestas y de resacas. Tras la muerte de su abuelo, decide abandonar una ciudad y a unos compañeros entre los que siempre se ha sentido como una extraña y pasar una temporada en la vieja casa familiar en la costa de Irlanda, un lugar salvaje azotado por el mar helado donde intentará reconstruir quién es en realidad. Tierna, poética e innovadora, Agua salada explora las complejidades de las relaciones entre madre e hija, los desafíos de cambiar la identidad de clase y lo difícil que resulta ponerle un nombre a las diferentes formas en las que amamos.  Jessica Andrews se ha convertido en una de las revelaciones literarias de los últimos años en el Reino Unido con «un debut que retrata la vida normal de una joven de una forma única y diferente» (The Guardian) y una voz que ha sido comparada con Sally Rooney y Edna O'Brien.

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    "Agua salada" de Jessica Andrews

    Escrito por: Librería Estudio

    Fuente

    Tras la muerte de su abuelo, Lucy viaja con su madre a Donnegal, en la costa de Irlanda, para asistir al funeral y deshacerse de cosas inservibles de la vieja casa que ambas han heredado. Su madre regresa, pero ella decide quedarse una temporada en aquel lugar solitario y remoto en el que el mar, los espacios abiertos y la tranquila vida rural sustituyen la velocidad y el ruido de su rutina de estudiante universitaria en Londres. Hay en ello una necesidad obsesiva de entenderse, de encajarse en su urgente proceso de construcción y darse un sentido; una constante a lo largo de toda la narración, en la que Lucy repasa su infancia, adolescencia y juventud, mientras absorbe e intenta comprender las extrañas e intensas sensaciones que le descubre su nueva vida. Agua salada se desliza entre su presente en Donnegal y el relato de su pasado a través de episodios de su vida y de su relación con su familia: su madre adorada, un padre alcohólico sin remedio y su hermano, sordo de nacimiento. Asistimos a su crecimiento, a los cambios en su cuerpo y a su progresivo desarrollo emocional, en el que advierte con desgarro inconsolable el desligamiento natural de su madre, por la que siente un amor profundo y una enorme admiración que se filtran a lo largo de toda la novela. En acuciante lucha por definirse y situarse en el mundo, comienza sus estudios en Londres siguiendo el camino que tanto deseaba, o, como ella dice, que tanto parecía que debía desear y en lo que pone todo su empeño. De ahí, quizá, sus dudas culpables, su inseguridad y su invariable desasosiego. Se entrega así a experiencias de un ímpetu juvenil vertiginoso y salvaje, sin abandonar, sin embargo, su parte de estricta responsabilidad, y que, de alguna manera, quedan justificadas al componer retazos de su incesante búsqueda. En la soledad de su vida en Irlanda, descubre una realidad más auténtica que la que ha dejado atrás. El vértigo de la ciudad, el cambio constante, se le antojan ahora irrelevantes en contraste con la sensación de permanencia que transmiten la lentitud y el silencio, adquiriendo una especial conciencia de sí misma y de cada pequeña cosa de su entorno. La narración se compone de textos numerados, casi todos muy breves, que con un lenguaje muy sugerente, a ratos poético y simbólico, sucio y callejero en ocasiones, sin exuberancias ni artificios, componen una voz íntima, fresca y a la vez profunda, magnética y cargada de autenticidad. La escritura de Jessica Andrews en esta novela ha alcanzado probablemente el mismo nivel al que ha llegado la narradora en su anhelante indagación personal. Las palabras, dice, dan forma y contorno a los pensamientos, permiten aprehenderlos, jugar con ellos y explorar sus recovecos. Se intuye que, a través de sus experiencias, de su apremiante necesidad, ha alcanzado una especie de sosiego que, generalmente, se va logrando a través de un trayecto mucho más largo en el tiempo. Su inquietud por definirse y pensarse a través del lenguaje construye un hermoso relato, íntimo, profundo y maduro. Y es que querer comprender la vida con los cinco sentidos, acaso su sinsentido, ubicarse en ella y conseguir por fin apaciguar una frenética búsqueda, es tarea más que legítima, pero ardua, y tan difícil de alcanzar como no abandonarse al desaliento y la tristeza. Se precisa, normalmente, toda una vida para ello y las prisas juveniles no suelen dar buenos resultados, cuando se experimenta demasiado sin pensar demasiado. No es lo que le ocurre a la protagonista de Agua salada. Para nada. Olivia Lahoya Cuende, Librería Estudio (Miranda de Ebro, Burgos) [caption id="attachment_27251" align="alignnone" width="725"] Olivia Lahoya Cuende, con el libro reseñado, en la Librería Estudio.[/caption]

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    "Agua salada" de Jessica Andrews

    Escrito por: Librería Estudio

    Fuente

    Tras la muerte de su abuelo, Lucy viaja con su madre a Donnegal, en la costa de Irlanda, para asistir al funeral y deshacerse de cosas inservibles de la vieja casa que ambas han heredado. Su madre regresa, pero ella decide quedarse una temporada en aquel lugar solitario y remoto en el que el mar, los espacios abiertos y la tranquila vida rural sustituyen la velocidad y el ruido de su rutina de estudiante universitaria en Londres. Hay en ello una necesidad obsesiva de entenderse, de encajarse en su urgente proceso de construcción y darse un sentido; una constante a lo largo de toda la narración, en la que Lucy repasa su infancia, adolescencia y juventud, mientras absorbe e intenta comprender las extrañas e intensas sensaciones que le descubre su nueva vida. Agua salada se desliza entre su presente en Donnegal y el relato de su pasado a través de episodios de su vida y de su relación con su familia: su madre adorada, un padre alcohólico sin remedio y su hermano, sordo de nacimiento. Asistimos a su crecimiento, a los cambios en su cuerpo y a su progresivo desarrollo emocional, en el que advierte con desgarro inconsolable el desligamiento natural de su madre, por la que siente un amor profundo y una enorme admiración que se filtran a lo largo de toda la novela. En acuciante lucha por definirse y situarse en el mundo, comienza sus estudios en Londres siguiendo el camino que tanto deseaba, o, como ella dice, que tanto parecía que debía desear y en lo que pone todo su empeño. De ahí, quizá, sus dudas culpables, su inseguridad y su invariable desasosiego. Se entrega así a experiencias de un ímpetu juvenil vertiginoso y salvaje, sin abandonar, sin embargo, su parte de estricta responsabilidad, y que, de alguna manera, quedan justificadas al componer retazos de su incesante búsqueda. En la soledad de su vida en Irlanda, descubre una realidad más auténtica que la que ha dejado atrás. El vértigo de la ciudad, el cambio constante, se le antojan ahora irrelevantes en contraste con la sensación de permanencia que transmiten la lentitud y el silencio, adquiriendo una especial conciencia de sí misma y de cada pequeña cosa de su entorno. La narración se compone de textos numerados, casi todos muy breves, que con un lenguaje muy sugerente, a ratos poético y simbólico, sucio y callejero en ocasiones, sin exuberancias ni artificios, componen una voz íntima, fresca y a la vez profunda, magnética y cargada de autenticidad. La escritura de Jessica Andrews en esta novela ha alcanzado probablemente el mismo nivel al que ha llegado la narradora en su anhelante indagación personal. Las palabras, dice, dan forma y contorno a los pensamientos, permiten aprehenderlos, jugar con ellos y explorar sus recovecos. Se intuye que, a través de sus experiencias, de su apremiante necesidad, ha alcanzado una especie de sosiego que, generalmente, se va logrando a través de un trayecto mucho más largo en el tiempo. Su inquietud por definirse y pensarse a través del lenguaje construye un hermoso relato, íntimo, profundo y maduro. Y es que querer comprender la vida con los cinco sentidos, acaso su sinsentido, ubicarse en ella y conseguir por fin apaciguar una frenética búsqueda, es tarea más que legítima, pero ardua, y tan difícil de alcanzar como no abandonarse al desaliento y la tristeza. Se precisa, normalmente, toda una vida para ello y las prisas juveniles no suelen dar buenos resultados, cuando se experimenta demasiado sin pensar demasiado. No es lo que le ocurre a la protagonista de Agua salada. Para nada. Olivia Lahoya Cuende, Librería Estudio (Miranda de Ebro, Burgos) [caption id="attachment_27251" align="alignnone" width="725"] Olivia Lahoya Cuende, con el libro reseñado, en la Librería Estudio.[/caption]

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